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Ikonos de La Cotidianidad

Ikonos de La Cotidianidad Así se llama el flog que crearon Damián y Federico, del Equipo del MJS. Es un espacio para que dejemos nuestros comentarios a la Palabra de cada domingo. Quiere ser una ayuda para que compartamos desde la propuesta esencial que se nos hace en cada Eucaristía semanal. También será un camino efectivo para prepararnos a nuestro próximo Encuentro Joven. Los invitamos a clickear aquí para entrar en el flog y dejar su comentario. ¡Adelante!

Paso a paso hacia la Asamblea...

Paso a paso hacia la Asamblea...

Seguimos avanzando despacio y firme hacia la Asamblea Inspectorial del MJS.

Recuerden que en estos días tienen que estar llegando las respuestas de las coordinadoras locales para los gritos de los jóvenes (la herramienta 1).

Para ayudarnos un poco más en esta reflexión, les acercamos ahora unas palabras de Don Pascual Chávez, el sucesor de Don Bosco. Están sacadas de la Carta que escribió a los salesianos hace unos meses convocando a una reunión muy importante que -cada seis años- reúne a representantes de todo el mundo para encarar temas y realidades importantes (es como una mega Asamblea).

Los/as invitamos a leerlas y confrontar lo que dice ahí (verán que trata de enumerar algunos gritos de los jóvenes de hoy) con lo que ustedes han puesto o descubierto al analizar los gritos de nuestros pibes.

Si todavía no han podido trabajar la herramienta 1, les pedimos que lean este texto y subrayen aquello que ustedes ven que es así en el lugar donde están.

A principios de octubre haremos la devolución de sus trabajos con las pistas para la realización de las ASAMBLEAS LOCALES.

¡Hasta vernos!

Necesidades y esperanzas de los jóvenes

Apenas ordenado sacerdote, mientras completa su formación pastoral Don Bosco, bajo la guía de Don Cafasso, comienza a recorrer las calles de la ciudad; frecuenta las tiendas, las obras en construcción, los mercados, las cárceles; conoce directamente la situación de muchos jóvenes, sus miserias y sus aspiraciones.

Todo esto le hace sentir la urgencia de que alguien cuide de ellos, los asista, se preocupe… Nace la idea del Oratorio, en el que Don Bosco realizará su vocación. El grito de los jóvenes explica la pasión incondicional de su programa: “Da mihi animas, cetera tolle”.

Si hoy queremos volver a Don Bosco para profundizar y renovar nuestra identidad vocacional, debemos también nosotros partir de los jóvenes, comprender sus esperanzas, escuchar en ellos lo que Dios nos pide.

Los jóvenes, aunque viven en contextos diversos, tienen en común la sensibilidad ante los grandes valores de la vida, del amor y de la libertad, pero encuentran también muchas dificultades para vivirlos. Nosotros no podemos dejar de mirar sus necesidades y sus esperanzas y, al mismo tiempo, no percatarnos de los obstáculos y de las amenazas que encuentran.

Vida: necesidades y amenazas

Los jóvenes buscan calidad de vida: tienen ganas de vivir plenamente la vida: buscan modelos de vida significativos; desean construir la propia vida a partir de la autoestima y de la aceptación positiva de sí. Sienten la exigencia de nuevos valores, como la centralidad de la persona, la dignidad humana, paz y justicia, tolerancia, solidaridad. Buscan espiritualidad y trascendencia, para encontrar equilibrio y armonía en este mundo frenético y fragmentado; desean una religiosidad subjetiva, sincera, no institucional. En la búsqueda del sentido de la vida reclaman acompañamiento por parte de adultos que los escuchen, los comprendan y sean capaces de orientarlos.

La situación de pobreza, producto de un sistema neoliberal, obliga a muchos jóvenes a sobrevivir. Más de 200 millones de jóvenes, el 18% de la juventud mundial, vive con menos de 1 dólar al día y cerca de 515 millones con menos de 2 dólares. En 2002 se han calculado en 175 millones los emigrantes a nivel mundial, 26 millones de los cuales son jóvenes. La falta de trabajo, la explotación y un sistema educativo precario y selectivo limitan sus perspectivas de futuro: 88 millones de jóvenes no tienen trabajo; 130 millones de muchachos no tienen ninguna instrucción.

La cultura de la violencia se vive como reacción contra las dificultades; se notan los fenómenos de la droga, del terrorismo, de las guerras, los muchachos soldado, los genocidios. Los niveles de delincuencia han crecido dramáticamente en los países en vías de desarrollo. La delincuencia juvenil está muchas veces relacionada con el abuso de alcohol y de drogas; en África está relacionada con el hambre, la pobreza, la desocupación.

Constituyen amenazas contra la vida y su dignidad el aborto, el suicidio, la eutanasia, las torturas, que generan una cultura de muerte y la pérdida del sentido de la vida. En un año practican el aborto 5 millones de muchachas de edad comprendida entre los 15 y los 19 años. También la vida cristiana corre el peligro de no ser válida para los jóvenes, si no llega a superar la dicotomía entre fe y vida.

Amor: necesidades y amenazas

La sensibilidad, las formas comunicativas y expresivas de los jóvenes, su lenguaje, sus estilos de vida se van haciendo cada vez más diferentes respecto de las de los adultos. Asumen importancia la centralidad del cuerpo y de la imagen, el valor de la sexualidad y del mundo afectivo, los nuevos lenguajes que abren a nuevas formas de comunicación y de relaciones, que se han hecho posibles gracias a las nuevas tecnologías.

Existe por parte de los jóvenes una fuerte demanda de nuevas relaciones de amistad, de afecto, de compañía, para superar las carencias afectivas que los hacen inseguros, poco confiados en sí e incapaces de establecer relaciones estables y profundas. La necesidad de relaciones significativas entre adultos y jóvenes requiere escucha y acogida.

Sobre todo, entre los jóvenes aparecen nuevas formas de compromiso y de participación en lo social, a través de redes múltiples y abiertas de pertenencia, de proximidad, de sociabilidad estrecha e inmediata, que se sitúan entre el espacio de la vida privada y la pública, como las experiencias de voluntariado o de servicio civil en sus variadas formas y estilos, los movimientos no-globales, ecologistas, pacifistas, etc.

Constituye una amenaza aquella cultura que promueve un amor posesivo y superficial, que busca la satisfacción inmediata del placer, que promueve la comercialización del cuerpo y la explotación sexual, los embarazos precoces de más de 14 millones de adolescentes, la inestabilidad de las relaciones de pareja. El SIDA provoca enfermedades graves y genera miedo: al menos el 50% de las nuevas infecciones por HIV se dan entre los jóvenes; cerca de 10 millones de jóvenes padecen el SIDA, de los que 6,2 en el África Sub-Sahariana y 2,2 en Asia. Actualmente se estiman en cerca de 15 millones los muchachos por debajo de los 18 años que son huérfanos a causa del SIDA; de ellos cerca de 12 millones viven en el África Sub-Sahariana y el número podría ascender a 18 millones en el año 2010. La Iglesia encuentra dificultad al presentar una propuesta moral significativa para los jóvenes.

Libertad: necesidades y amenazas

Los jóvenes sienten la necesidad de construir la propia identidad. Ellos poseen una gran cantidad de conocimientos y de experiencias, pero viven una notable fragmentación y una desorientación, con escasos puntos de referencia significativos; esto los hace inseguros y frágiles frente a la búsqueda de la propia identidad y a la definición del propio futuro. Sienten, además, una gran necesidad de felicidad: ser felices es el sueño y el proyecto más grande que los jóvenes llevan en el corazón. Afirman el derecho a la diferencia, que supere la tendencia a la homologación de la sociedad globalizada y reconozca el valor de la experiencia vital por encima de toda ideología y doctrina. Tienen la exigencia de ser reconocidos y de ser protagonistas en la vida social, profesional y política.

La manipulación cultural a través de los medios de comunicación social favorece una cultura superficial, consumista y hedonista. Son un obstáculo las actitudes que condicionan fuertemente la construcción de la identidad: el conformismo como adaptación acrítica, el pragmatismo preocupado en buscar el resultado inmediato, la mentalidad relativista e individualista con la que se busca una libertad desligada de todo valor.

Don Pascual Chávez

ACG 394, 24 de junio de 2006

Estamos de PENUEL

Estamos de PENUEL

Desde el 19 hasta el 21 de agosto viviremos nuestro PENUEL, el retiro fuerte para los jóvenes mayores de nuestro MJS patagónico. TE invitamos a que seas también vos parte de esta experiencia, dejando algún mensaje para los que participen, sumando tu oración y tu fuerza para que, como todos los años, vivamos unos intensos días de encuentro en los que podamos contemplar... ¡cara a cara!

El hermoso y terrible Mundial

El hermoso y terrible Mundial

Te invitamos a leer y hacernos tu comentario del siguiente artículo sobre el mundial...

 

¡Y, una vez más, empezamos a vibrar con el mundial!

Y ya que hablamos en clave de equipos, podemos decir que ya se van armando claramente tres equipos. En primer lugar el equipo mayoritario de los “enloquecidos de la primera hora”, que ya están “enchufados” desde hace rato, ya han hecho sus apuestas, ya compraron el gorrito y desenrollaron la bandera, ya han repasado y juzgado varias veces la lista de los jugadores, y seguramente ya lo habrán condenado anticipadamente a José Pekerman, el DT de la selección, así, si perdemos, ellos tendrán la razón y podrán decir ufanos: “¡¿Vieron?, yo se los dije, ¿se acuerdan?!”, y si ganamos, lo sacarán de un plumazo y lo subirán “canonizado” a un altar lateral del “templo olímpico”, donde a escondidas irán a pedirle perdón, y al salir a la calle, ya en público dirán: “¡Yo sabía… éste era un ‘tapado’!”

El otro equipo lo forman los “no futboleros incoherentes”, formado en gran parte, aunque no exclusivamente, por las esposas y las mamás de los fanáticos, que viven despotricando durante tres años y once meses contra “estos locos” que arruinan los paseos del domingo, o le impiden ver la película que dan en el otro canal de la tele, pero que en esta circunstancias y con apenas uno o dos partidos de resistencia, y a pesar de haber jurado: “esta vez no me agarran”, sanamente claudican y se entregan al delirio, movidos primeramente por la “argentinidad” y al poco tiempo de andar el campeonato, por el amor y odio de todos y de cada uno de los equipos y de los jugadores. Que comienzan ingenuamente preguntando por el color de las camisetas de los adversarios y terminan no sólo mentando los colores sino también hasta sus familias hasta la tercera o cuarta generación.

Y el tercer equipo, gracias a Dios menos numeroso y de camiseta color negro oscuro, compuesto por los que perseveren en el “no me interesa”, “yo estoy para cosas serias”, los cuales caminarán solos por la ciudad durante los partidos, preguntándose ¿dónde está la gente?, ¿por qué no atienden en esta oficina? concluyendo con la inevitable frase: ¡¿Y así quieren que ande bien este país?!, se quedarán sin tema en las reuniones sociales y por dos o tres semanas sabrán cómo se siente un “marciano” de vacaciones por la tierra.

¡El Mundial! ¡Hermoso y terrible!

Hermoso, por lo que significa de “universalidad”. El Mundial convoca, une, nos hace sentir más familia, y es la demostración de que no sólo nos aglutinan los proyectos miserables como las guerras o nos meten a todos en una misma bolsa como el Fondo Monetario o alguna certera estadística. Creo que la humanidad ha ido aprendiendo a unirse en y a través de estos eventos y también cuando surgen causas nobles, grandes, como son la ayuda a algún pueblo o grupo de gente sacudida por alguna desgracia. Hemos mejorado en esto que Juan Pablo II llamó la “cultura de la solidaridad”.

Hermoso, porque cada país está “en pie de fiesta”, y eso hace bien, porque descansa del agobio de lo cotidiano. Por quince días once rostros “amables” producirán el milagro de hacernos olvidar la treintena de rostros “amargantes”, harán que el sueño de la victoria suavice la pesadilla de tantos fracasos. Hacer fiesta es bueno, es sabio, es hacer un paréntesis en lo rutinario y pesado de cada día y celebrar, lo cual da fuerzas para después seguir luchando.

Hermoso, porque es un entrenamiento para la vida, valioso especialmente para los niños y los jóvenes, en cuanto “ayuda al hombre a auto-disciplinarse y le enseña a colaborar con los demás dentro de un equipo, y muestra un modo de enfrentarse con los otros no desde la violencia sino de una forma noble. Al contemplarlo, los hombres se identifican con ese juego, haciendo suyo ese espíritu de colaboración, de confrontación leal con los demás”. Es interesante que los jóvenes puedan entender que se puede llegar a vivir con este espíritu del juego, en el que la libertad del juego se alimenta también de reglas y autodisciplina.

Pero el Mundial, dado como se vive hoy, es también terrible.

Terrible, por lo que implica la parafernalia, es decir el conjunto de ritos o de cosas que rodean determinados actos o ceremonias. Y tristemente hay que reconocer que estos mundiales, su “maquinaria”, es cada vez menos deportiva, menos gratuita y sobre todo menos humana en varios aspectos, porque lo que valen son los contratos, los sponsors, los medios de comunicación. Ellos son los grandes protagonistas.

Terrible, porque de a ratos los jugadores tienen algo de esclavos-gladiadores. Son para muchos, un “pretexto”, una mercancía, hombres objetos: tienen precio, pertenecen a particulares o empresas que marcan las pautas de lo que deben hacer o no, con quién hablar o no, a dónde ir o no. Valen por los botines que tienen puestos o por las entrevistas exclusivas.

Terrible, por las sumas de dinero que se mueven. Por los sueldos inmorales de algunos jugadores o técnicos, que, aunque se los perdonemos porque los queremos o son nuestros ídolos, no por eso dejan de ser ofensivos a tantos hombres y mujeres de los mismos países representados en el campeonato, que no reciben el mínimo que su dignidad humana reclama.

Terrible, por la posibilidad de hacer, como estamos acostumbrados, de un Messi u otro de los “pibes” un “superhombre” para después verlo convertirse en un “pobre hombre”.

 

Ya que el Mundial despierta sueños, pienso: ¡Qué lindo sería que al Mundial se le de un sentido solidario! Que puestos de acuerdo a todos los niveles, desde el organizativo hasta el hincha que va a la cancha, decidamos que el diez o veinte por ciento de lo recaudado se destine al país más “sufrido”, más “golpeado” en esos años, desde el último Mundial. Seguramente aliviaríamos sus penurias por un lustro por lo menos, y nosotros, ganadores y perdedores, sentiríamos una interesante “satisfacción mundial”.
No sé si es mucho pedir, me parece que sí, pero en todo caso, la visión de un mundo que vibra con el juego debiera servirnos para algo más que para entretenernos, porque si fuéramos al fondo de la cuestión, el juego podría mostrarnos una nueva forma de entender la vida.

Ángel Rossi SJ


Un lugar para sembrar...

Un lugar para sembrar...

En esta sección del blog iremos compartiendo textos pequeños, cortitos, que puedan estimularnos en nuestro itinerario formativo. Queremos que sean semillas que te ayuden a hacer crecer en vos la Vida... Compartinos tus resonancias y también tus semillas.

Acá va la primera de ellas:

Una sonrisa tras el paredón
RAÚL FOLLERAU solía contar una historia emocionante: visitando una leprosería en una isla del Pacífico le sorprendió que, entre tantos rostros muertos y apagados, hubiera alguien que había conservado unos ojos claros y luminosos que aún sabían sonreír y que se iluminaba con un «gracias» cuando le ofrecían algo.
Entre tantos cadáveres ambulantes, sólo aquel hombre se conservaba humano. Cuando preguntó qué era lo que mantenía a este pobre leproso tan unido a la vida, alguien le dijo que observara su conducta por las mañanas.
Y vio que, apenas amanecía, aquel hombre acudía al patio que rodeaba la leprosería y se sentaba enfrente del alto muro de cemento que la rodeaba. Y allí esperaba. Esperaba hasta que, a media mañana, tras el muro, aparecía durante unos cuantos segundos otro rostro, una cara de mujer, vieja y arrugadita, que sonreía. Entonces el hombre comulgaba con esa sonrisa y sonreía él también. Luego el rostro de mujer desaparecía y el hombre, iluminado, tenía ya alimento para seguir soportando una nueva jornada y para esperar a que mañana regresara el rostro sonriente. Era -le explicaría después el leproso- su mujer. Cuando le arrancaron de su pueblo y le trasladaron a la leprosería, la mujer le siguió hasta el poblado más cercano. Y acudía cada mañana para continuar expresándole su amor. «Al verla cada día -comentaba el leproso- sé que todavía vivo.»
No exageraba: vivir es saberse queridos, sentirse queridos. Por eso tienen razón los psicólogos cuando dicen que los suicidas se matan cuando han llegado al convencimiento pleno de que ya nadie les querrá nunca. Porque ningún problema es verdadero y totalmente grave mientras se tenga a alguien a nuestro lado.
Por eso yo no me cansaré nunca de predicar que la soledad es la mayor de las miserias y que lo que los demás necesitan verdaderamente de nosotros no es siquiera nuestra ayuda, sino nuestro amor. Para un enfermo es la compañía sonriente la mejor de las medicinas. Para un viejo no hay ayuda como un rato de conversación sin prisas y un poco de comprensión de sus rarezas. El ingente necesita más nuestro cariño que nuestra limosna. Para el desocupado es tan necesario sentirse persona trabajando como el sueldo que por el trabajo le pagarán.
Y, asombrosamente, la sonrisa -que es la más barata de las ayudas- es la que más tacañeamos. Es mucho más fácil dar cien pesos a un pobre que dárselos con amor. Y es más sencillo comprarle un regalo al abuelo que ofrecerle media hora de amistad.
Dar sin amor es ofender. Lo decía con palabras tremendas, pero verdaderísimas, San Vicente de Paúl:
«Recordá que te será necesario mucho amor para que los pobres te perdonen el pan que les llevás»
Por J. L. Martín Descalzo
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