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MJS Patagonia

Pentecostés: que el Espíritu anime nuestros grupos y comunidades porque...

Pentecostés: que el Espíritu anime nuestros grupos y comunidades porque...

«Sin el Espíritu Santo, Dios está lejos,Cristo se queda en el pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia una mera organización, la autoridad una dominación, la misión una propaganda, el culto una mera evocación, el comportamiento cristiano una moral de esclavo.

Pero en El, el cosmos es elevado y  gime en el alumbramiento del Reino, Cristo Resucitado se hace presente, el Evangelio es capacidad de vida, la Iglesia significa la 
comunión trinitaria, la autoridad es un servicio liberador, la misión un Pentecostés, la liturgia memorial y anticipación, el comportamiento humano queda deificado».

(Declaración en la asamblea del Consejo ecuménico de las Iglesias, en Upsala, el 4 de julio de 1968).

Se viene la Asamblea

Se viene la Asamblea

Desde hace un mes, en el Equipo Animador del MJS estamos pensando y preparando una propuesta participativa intensa. Revisamos todos los materiales preparatorios y los trabajos de la Asamblea de 2002 (en Fortín Mercedes), nos reunimos con Juliana Segatori y Horacio Pezzutti para que nos contaran lo que significó para ellos. Ya llevamos 3 lunes seguidos que nos encontramos. En el próximo ya terminaremos de armar la convocatoria y la propuesta de encontrarnos para hace nuestras asambleas del MJS local, que terminarán en enero de 2007 con la Asamblea Inspectorial que coincidirá con la Coordinadora Inspectorial. Con todo lo recogido en este espacio nos lanzaremos a preparar el próximo Encuentro Joven y su camino de preparación. También nos ayudará a participar con mayor intensidad de la Asamblea Nacional del MJS que tendremos a fines de abril y principios de mayo de 2007. Si tienen alguna sugerencia para el Equipo no duden de enviarlas escribiendo en este blog o mandánonos un correo.

Yo sé quién es...

Yo sé quién es...

Hay anécdota y hechos de vida que nos conmueven por lo sencillos y transparentes que son. El siguiente es un hecho real. Vas a ver que no es algo inmenso… ¿o sí? Dejamos que vos decidas…

Un hombre de edad avanzada –cuenta un médico– vino a la guardia del hospital donde yo trabajo para hacerse curar una herida en la mano.

Tenía bastante prisa, y mientras se curaba le pregunté qué era eso tan urgente que tenía que hacer. Me dijo iba a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer que vivía allí.

Me contó que llevaba algún tiempo en ese lugar y que tenía un Alzheimer muy avanzado. Mientras acababa de vendar la herida, le pregunté si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana.

- No –me dijo–. Ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.

Entonces le pregunté extrañado:

- Y si ya no sabe quién es usted, ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?

Me sonrió y dándome una palmadita en la mano me dijo:

- Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella.

¿Qué te parece?... ¿Es una anécdota sencilla? ¿O es algo verdaderamente grande e inmenso? ¿Cómo medimos las cosas que hacemos? ¿Qué medida usamos? ¿Desde qué punto de vista nos plantamos ante la vida?

Un lugar para sembrar...

Un lugar para sembrar...

En esta sección del blog iremos compartiendo textos pequeños, cortitos, que puedan estimularnos en nuestro itinerario formativo. Queremos que sean semillas que te ayuden a hacer crecer en vos la Vida... Compartinos tus resonancias y también tus semillas.

Acá va la primera de ellas:

Una sonrisa tras el paredón
RAÚL FOLLERAU solía contar una historia emocionante: visitando una leprosería en una isla del Pacífico le sorprendió que, entre tantos rostros muertos y apagados, hubiera alguien que había conservado unos ojos claros y luminosos que aún sabían sonreír y que se iluminaba con un «gracias» cuando le ofrecían algo.
Entre tantos cadáveres ambulantes, sólo aquel hombre se conservaba humano. Cuando preguntó qué era lo que mantenía a este pobre leproso tan unido a la vida, alguien le dijo que observara su conducta por las mañanas.
Y vio que, apenas amanecía, aquel hombre acudía al patio que rodeaba la leprosería y se sentaba enfrente del alto muro de cemento que la rodeaba. Y allí esperaba. Esperaba hasta que, a media mañana, tras el muro, aparecía durante unos cuantos segundos otro rostro, una cara de mujer, vieja y arrugadita, que sonreía. Entonces el hombre comulgaba con esa sonrisa y sonreía él también. Luego el rostro de mujer desaparecía y el hombre, iluminado, tenía ya alimento para seguir soportando una nueva jornada y para esperar a que mañana regresara el rostro sonriente. Era -le explicaría después el leproso- su mujer. Cuando le arrancaron de su pueblo y le trasladaron a la leprosería, la mujer le siguió hasta el poblado más cercano. Y acudía cada mañana para continuar expresándole su amor. «Al verla cada día -comentaba el leproso- sé que todavía vivo.»
No exageraba: vivir es saberse queridos, sentirse queridos. Por eso tienen razón los psicólogos cuando dicen que los suicidas se matan cuando han llegado al convencimiento pleno de que ya nadie les querrá nunca. Porque ningún problema es verdadero y totalmente grave mientras se tenga a alguien a nuestro lado.
Por eso yo no me cansaré nunca de predicar que la soledad es la mayor de las miserias y que lo que los demás necesitan verdaderamente de nosotros no es siquiera nuestra ayuda, sino nuestro amor. Para un enfermo es la compañía sonriente la mejor de las medicinas. Para un viejo no hay ayuda como un rato de conversación sin prisas y un poco de comprensión de sus rarezas. El ingente necesita más nuestro cariño que nuestra limosna. Para el desocupado es tan necesario sentirse persona trabajando como el sueldo que por el trabajo le pagarán.
Y, asombrosamente, la sonrisa -que es la más barata de las ayudas- es la que más tacañeamos. Es mucho más fácil dar cien pesos a un pobre que dárselos con amor. Y es más sencillo comprarle un regalo al abuelo que ofrecerle media hora de amistad.
Dar sin amor es ofender. Lo decía con palabras tremendas, pero verdaderísimas, San Vicente de Paúl:
«Recordá que te será necesario mucho amor para que los pobres te perdonen el pan que les llevás»
Por J. L. Martín Descalzo
  • ¿Qué te parece? ¿Qué estás dando de vos?
  • Mandanos semillas que a vos te ayuden en tu verdadera formación

La carta de Coqui

La carta de Coqui

Miguel Elías nos comparte el siguiente testimonio:

El 21 de Junio de 2004, cuando regresaba con sus padres del campo a la ciudad, se reventó un neumático del auto en el que viajaban y por el efecto látigo Coqui Rech tuvo pixación de médula. Fue despedida del auto por la luneta trasera y desde aquel día está postrada pudiendo mover algo de sus brazos y su cabeza. Internada durante 4 meses en un hospital público, hoy trata de llevar una vida adelante. Fueron muchas las personas que durante este tiempo la estuvieron acompañando y que rezaron por su recuperación.
Frente a mi hay una carta que Coqui pudo escribir de puño y letra. Me tomé el atrevimiento de pasarla en la computadora y enviarla a través del correo. Va dedicado especialmente aquellos que ante lo pequeño se hacen grandes problemas, y también para que aprendamos a valorar la Vida. Hasta vernos.
Esta es la carta de COQUI
Febrero 2006

Bueno, acá estoy, tratando de cumplir con lo prometido, de escribirles de mi puño y letra una carta.
Estos meses he tratado de retomar mi vida desde el momento del accidente hasta ahora, tomar conciencia de todo lo ocurrido, de dar respuestas a muchos interrogantes. Pero la verdad es que muchas cosas siguen siendo un misterio para mi vida.
Cuando me preguntan sobre el hecho: la mejor respuesta que puedo dar es la siguiente.
Creo que las personas tienen un destino marcado, un destino al cual está sujeto. Si bien no se puede cambiar, estoy convencida de que Dios nos va preparando para enfrentarlo, regalándonos determinados dones.
Tal vez mi destino era morir, varias veces he visto a la muerte rondar por mi cama durante esos cuatro meses en el hospital.
Sin embargo ocurrió un milagro, y ese destino se torció. A ese milagro lo llamo ORACIÓN, y no hubiese sido posible sin la insistencia de ustedes y de tanta gente. Por eso siempre estaré en deuda con todos.
La unión en la oración hecha con tanta insistencia y fervor, fue la que hizo torcer la balanza. El dolor que les causó todo ello y las lágrimas derramadas no cayeron en el olvido, fueron recogidas en el corazón misericordioso de Dios.
Pienso que tanto escucharlos rezar “lo hartaron”, y cansado, se fue a recostar. Cuando creíamos que dormía y que nada hacía, entraron en el cuarto las plegarias y de puntitas de pie se acercaron hasta su lecho, y rápidamente, las oraciones de todos ustedes lograron arrebatar mi vida de entre sus manos, y se fueron, casi sin darse cuente de lo que habían hecho. Mientras Dios miraba de reojo y sonreía. En realidad no dormía.
Creo que grandes cosas van gestándose en el silencio de Dios. Muchas logramos verlas con el tiempo, y otras siguen siendo misterio divino. La grandeza de su amor tiene infinidades de caminos, tantos, que nos son inimaginables.
Creo que Dios me ha dado una nueva oportunidad de permanecer entre ustedes, y quiero vivirla lo mejor que pueda, ya que no siempre estas situaciones sacan lo mejor de uno.
No sé si mi accidente me convirtió en una mejor o peor persona, solo sé que soy una persona que intenta, como tantas otras que hay en este mundo, levantarse después de una gran caída y seguir adelante, buscando realizar mis sueños desde mis limitaciones.
¿Las heridas?... siempre están, son parte de uno. A veces reniego de ellas, y otras veces me enorgullezco por llevarlas conmigo… como recuerdo de una batalla ganada.
La ESPERANZA es un DON, y mientras no la perdamos, siempre va a ver una nueva y distinta forma de lograr ser Feliz.
Un abrazo desde mi corazón. Los saluda.
Coqui.

 

 

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