Yo sé quién es...

Hay anécdota y hechos de vida que nos conmueven por lo sencillos y transparentes que son. El siguiente es un hecho real. Vas a ver que no es algo inmenso… ¿o sí? Dejamos que vos decidas…
Un hombre de edad avanzada –cuenta un médico– vino a la guardia del hospital donde yo trabajo para hacerse curar una herida en la mano.
Tenía bastante prisa, y mientras se curaba le pregunté qué era eso tan urgente que tenía que hacer. Me dijo iba a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer que vivía allí.
Me contó que llevaba algún tiempo en ese lugar y que tenía un Alzheimer muy avanzado. Mientras acababa de vendar la herida, le pregunté si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana.
- No –me dijo–. Ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.
Entonces le pregunté extrañado:
- Y si ya no sabe quién es usted, ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?
Me sonrió y dándome una palmadita en la mano me dijo:
- Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella.
¿Qué te parece?... ¿Es una anécdota sencilla? ¿O es algo verdaderamente grande e inmenso? ¿Cómo medimos las cosas que hacemos? ¿Qué medida usamos? ¿Desde qué punto de vista nos plantamos ante la vida?

